El nuevo lujo se vive a la mexicana, ¿por qué México está de moda?
Durante muchos años, hablar de moda y lujo significaba, casi inevitablemente, mirar hacia afuera. Queríamos saber qué estaba pasando en París, qué se presentaba en Milán, qué llevaban en Nueva York y cuál sería la próxima tendencia que llegaría a México.
Hoy siento que algo cambió. Seguimos mirando al mundo, por supuesto, pero ahora el mundo también nos mira a nosotros.
Y no creo que sea casualidad.
Después de muchos años trabajando en relaciones públicas, moda y lifestyle, he tenido la oportunidad de ver cómo cambia aquello que deseamos, lo que consideramos aspiracional y hasta nuestra propia definición del lujo. He visto llegar tendencias, desaparecer otras y regresar algunas que jurábamos que nunca volveríamos a usar. Pero hay algo que me parece mucho más interesante que cualquier tendencia: hoy queremos cosas que nos hagan sentir algo.
México tiene muchísimo que decir
2026 es un año particularmente interesante para nuestro país. Con el Mundial, millones de miradas están puestas en México y, aunque pareciera que estamos hablando únicamente de futbol, quienes trabajamos alrededor de la moda y el lifestyle sabemos que estos grandes acontecimientos nunca se quedan solamente en el terreno de juego.
La moda se cruza con el deporte, el diseño con la cultura y las marcas buscan formar parte de la conversación. Las camisetas llegan al street style, aparecen colaboraciones inesperadas y las ciudades anfitrionas se convierten, por un momento, en el lugar donde todos quieren estar.
Pero sería injusto decir que México está de moda gracias al Mundial. El Mundial simplemente llegó en un momento en el que México ya estaba sucediendo.
Nuestra moda está encontrando una voz propia. Una voz que ya no necesita gritar “esto es mexicano” para demostrarlo. Me gusta pensar en diseñadores como Carla Fernández o Bárbara Sánchez-Kane, dos universos completamente distintos que, desde lugares muy personales, han demostrado que se puede crear desde México y formar parte de una conversación internacional sin diluir aquello que te hace diferente.
Eso, para mí, es lujo. No intentar parecerte a alguien más. Durante mucho tiempo sentimos que para que algo fuera aspiracional tenía que venir de fuera. Que lo internacional era automáticamente más sofisticado. Que el lujo tenía ciertos códigos y que nosotros teníamos que aprenderlos.
Hoy pienso que está sucediendo algo mucho más interesante; estamos comenzando a reconocer el valor de nuestros propios códigos. Y no hablo solamente de moda. La Ciudad de México vive uno de esos momentos difíciles de ignorar. Cada vez escuchamos más idiomas caminando por sus calles, vemos nuevos conceptos, nuevas marcas y viajeros que llegan buscando descubrir la ciudad más allá de los lugares evidentes.
La hospitalidad internacional también lo ha entendido. La llegada anunciada de nombres como Park Hyatt, Pendry y The Standard, junto con conceptos de lifestyle como Hyde, Mama Shelter y SO/, habla de una ciudad que se encuentra en el radar de algunos de los grupos más importantes del mundo.
Pero, curiosamente, algunos de los lugares que mejor representan el nuevo lujo mexicano son mucho más pequeños. Pienso en espacios como Octavia Casa, Casa Cuenca o La Valise. Lugares donde la experiencia no depende de tener cientos de habitaciones ni de un lobby monumental. El lujo está en los detalles, en el diseño, en la sensación de haber encontrado un lugar que tiene personalidad.
Quizá ahí está el cambio. Ya no queremos viajar para sentir que estamos exactamente en el mismo hotel que podríamos encontrar al otro lado del mundo. Queremos despertar y saber dónde estamos.
Y fuera de la ciudad sucede algo parecido. La llegada de proyectos como Amanvari, la primera propiedad de Aman en México, o nuevos referentes como Siari, a Ritz-Carlton Reserve, en Riviera Nayarit, confirma que el lujo internacional también está buscando algo diferente en nuestro país: paisaje, privacidad, naturaleza y experiencias que tengan una relación real con el lugar. Cuando pienso en todo esto, entiendo por qué México está de moda. Y creo que tiene mucho menos que ver con una tendencia de lo que pensamos.Tiene que ver con que cambió aquello que queremos.
El nuevo lujo se vive a la mexicana. Paloma Escorza
Hoy queremos comprar menos, pero elegir mejor. Queremos descubrir marcas que tengan algo que contar. Queremos conocer al diseñador detrás de una pieza. Queremos viajar a lugares que nos sorprendan. Queremos entrar a ese hotel que alguien nos recomendó casi en secreto. Queremos encontrar ese objeto que, cuando alguien nos pregunte de dónde es, nos permita contar una historia.
Queremos sentir que encontramos algo especial. Y México está lleno de eso.
Tal vez porque nuestra mayor riqueza siempre ha estado precisamente ahí; en las historias, en los detalles, en la mezcla, en nuestra manera de interpretar el mundo y hacerlo nuestro.
Durante años pensamos que para ser parte del mundo teníamos que parecernos un poco más a él. Hoy creo exactamente lo contrario.
Lo más interesante que México puede ofrecerle al mundo es aquello que solo puede encontrar aquí. Por eso, cuando me preguntan por qué México está de moda, mi respuesta es bastante sencilla, porque finalmente estamos entendiendo que nuestra identidad también puede ser nuestro mayor lujo y porque quizá el verdadero lujo nunca fue tener lo que todos quieren.
Quizá siempre fue encontrar aquello que nadie más puede replicar.
Eso, para mí, es México.
Y por eso creo que hoy, más que nunca, el nuevo lujo se vive a la mexicana.
Paloma Escorza