CASA DRAGONES: EN SAN MIGUEL, EL 16 SE VIVE TODO EL AÑO
POR EMILIO FARFÁN
En el número 16 de la calle Recreo, la historia de México encuentra una expresión contemporánea a través del tequila, el diseño y una manera de entender la identidad nacional que permanece en movimiento.
Hay símbolos que no necesitan explicarse demasiado: una fachada que guarda siglos de historia, el azul de una botella o una dirección que conecta el presente con uno de los momentos decisivos de México. En San Miguel de Allende, el número 16 reúne esas tres cosas.
En una casona del siglo XVII, vinculada a los Dragones de San Miguel, el regimiento de Ignacio Allende y Juan Aldama, Casa Dragones ha construido una narrativa donde el tequila trasciende su condición de bebida para convertirse en una forma de explorar la historia, el diseño y la identidad mexicana. Aquí, la mexicanidad no se presenta como una imagen detenida en el tiempo, sino como una herencia capaz de reinterpretarse.
Una historia que sigue escribiéndose
San Miguel de Allende ocupa un lugar particular en el imaginario mexicano. Su arquitectura, su vida cultural y su relación con la historia nacional conviven con una comunidad creativa que ha contribuido a proyectar la ciudad más allá de sus fronteras. En ese contexto, preservar el pasado no significa necesariamente reproducirlo: también implica encontrar nuevas maneras de habitarlo.
La historia de Casa Dragones comienza precisamente en esa intersección. Su nombre remite a los Dragones de San Miguel y su sede, ubicada en el número 16 de la calle Recreo, recupera la memoria de una propiedad que data de 1671. El número se convirtió también en una de las señas de identidad de la casa tequilera, presente en sus botellas y asociado a una historia que encuentra en San Miguel su punto de partida. Pero el interés de esta relación va más allá de la referencia histórica. Lo que plantea es una pregunta sobre el México contemporáneo: ¿cómo mantener viva una tradición sin convertirla en una pieza de museo?
Para Bertha González Nieves, cofundadora de Casa Dragones y primera mujer en México en obtener el título de Maestra Tequilera, la respuesta está en la capacidad de explorar, cuestionar y llevar el tequila hacia nuevos territorios.
La casa como declaración cultural
La reciente apertura de las puertas de Casa Dragones en San Miguel de Allende fue una oportunidad para reunir distintas expresiones de la creatividad mexicana alrededor de una misma mesa. González Nieves convocó a un grupo cercano de amigos a una cena que puso en diálogo la gastronomía, la arquitectura, el diseño y la cultura del tequila. El encuentro tuvo como invitado al chef Omar Henríquez, del restaurante Hortus, ubicado en el corazón de San Miguel y encabezado por Sandra Vázquez y Alberto Laposse.
La cena se construyó a partir de un menú de cinco tiempos que recorrió distintos sabores e ingredientes de la cocina mexicana. El elotito asado, el chicharrón de arroz y el bocol con queso Ocosingo abrieron la experiencia junto al Blanco Casa Dragones. Después llegaron el tamal de flor de calabaza y el chile en nogada, acompañados por Casa Dragones Joven. El rib eye o el pollo de leche con mole negro encontraron su contrapunto en el Añejo Barrel Blend, mientras que el flan de vainilla de Papantla cerró el recorrido con el Reposado Mizunara.
Más que una sucesión de maridajes, el menú propuso observar cómo los sabores de México pueden dialogar con distintas expresiones del tequila sin perder su carácter. El producto dejó de ocupar un lugar aislado para integrarse a una conversación más amplia sobre ingredientes, técnicas y memoria gastronómica.
El diseño también cuenta la historia
La arquitectura y los interiores completan esta lectura de la casa.
La propiedad fue restaurada por Will Meyer y Marco Valle, mientras que The Obsidian Bar fue transformado por Gloria Cortina. La curaduría de interiores, a cargo de Ana Elena Mallet y Raúl Cabra, incorpora referencias al diseño de mediados del siglo XX reinterpretadas desde la sensibilidad de El Bajío. A esa narrativa se suman piezas y montajes de Esrawe, Caralarga, Ángela Damman, Trine Ellitsgaard y Fernando Laposse, creadores que, desde distintas disciplinas, exploran los materiales, los oficios y las posibilidades del diseño contemporáneo.
El resultado no depende únicamente de conservar una casona histórica. Está en la manera de relacionar sus muros con objetos, texturas y propuestas actuales, permitiendo que el edificio funcione como un espacio vivo de creación.
En un momento en que el diseño mexicano encuentra nuevas plataformas de reconocimiento internacional, este tipo de encuentros revela algo importante: la identidad no se construye solamente a partir de símbolos reconocibles, sino también mediante decisiones sobre cómo diseñamos, producimos, restauramos y compartimos nuestros espacios.
El tequila frente al futuro
Durante la velada, Bertha González Nieves resumió la intención detrás de este encuentro: “Queremos que nuestra casa sea reconocida por ese espíritu rebelde. Empujar los límites y llevar la conversación del tequila hacia el futuro”. La declaración conecta con una transformación más amplia de la cultura del tequila. Su presencia contemporánea no se explica únicamente por su reconocimiento internacional, sino también por la diversidad de conversaciones que hoy lo rodean: el origen, los procesos de elaboración, la gastronomía, el diseño y las formas de representar a México dentro y fuera del país.
Casa Dragones trabaja desde la producción en lotes pequeños y una identidad visual reconocible, pero su relación con San Miguel de Allende añade otra dimensión a esa historia. La casa no se limita a utilizar el pasado como referencia; lo convierte en un punto de encuentro para distintas disciplinas creativas. Al terminar la cena, la celebración continuó con una caminata hacia Hortus, a unos pasos de la Parroquia de San Miguel Arcángel, donde la mixología de Casa Dragones prolongó la conversación en otro escenario de la ciudad.
El número 16 como una forma de entender México
En San Miguel de Allende, la historia está presente en las fachadas, las calles y los espacios que siguen encontrando nuevos usos. Sin embargo, su relevancia no depende solamente de lo que ocurrió en ellos, sino de lo que las generaciones actuales deciden hacer con esa herencia. En el número 16 de la calle Recreo, el tequila, la arquitectura, la gastronomía y el diseño coinciden para contar una historia sobre la independencia entendida también como una actitud creativa: la posibilidad de tomar lo propio, reconocer su origen y permitir que evolucione. Quizá ahí reside el verdadero valor cultural de Casa Dragones. No en convertir la mexicanidad en una imagen para exportar, sino en demostrar que puede expresarse de muchas maneras sin perder su raíz. Porque la historia de México no termina en sus fechas conmemorativas. También se escribe en los espacios que abrimos, en los oficios que preservamos y en las ideas que nos atrevemos a llevar más lejos.
Y en San Miguel de Allende, el espíritu del número 16 sigue encontrando nuevas formas de estar presente durante todo el año.